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Javier Solórzano
Los conductores de noticias debemos mantener distancia con el poder
Publicada en la Revista no. 57 el 01 de febrero 2001
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Para complementar esta entrevista, le recomendamos también consultar la entrevista publicada en la Revista Telemundo, en la que Javier Solórzano cuenta cómo se inició en la televisión y el periodismo.

Javier Solórzano es el primer conductor que tomó la decisión de opinar al aire de manera personal (en un noticiero de televisión) cuando ningún otro lo hacía.
A mediados de los ochentas el control gubernamental sobre los noticiarios era el pan de cada día. En ese entonces sí se transmitían programas de opinión (como los que hizo Ricardo Rocha, Jorge Saldaña, Nino Canún y el mismo Jacobo Zabludovsky, entre otros), pero en los noticiarios las opiniones practicamente no existían. Famosas eran las excepcionales muecas que llegaba a hacer Zabludovsky cuando leía una nota con la que no estaba de acuerdo.
En la radio José Gutiérrez Vivó ya lidereaba el medio dando su opinión todo el tiempo. Invitaba a los políticos para entrevistarlos y para decirles lo que él pensaba.
En las transmisiones deportivas José Ramón Fernández también opinaba, y se dedicó por años a explicar a los aficionados todo el enredo de intereses que controlan los deportes en México, en especial el futbol. Y en los noticieros de carácter político, fue Javier Solórzano el primero que dejó atrás miedos, se liberó, no quiso ser un simple lector e inauguró los tiempos en los que el conductor puede dar su opinión personal y no estar necesariamente de acuerdo con el gobierno o con el medio en el que trabaja.
Hoy opinar se ha vuelto una práctica cotidiana en todos los medios, tanto que el público está deseoso de recibir información concreta y veraz. Pero la gente sigue valorando la opinión de los conductores cuando son valientes y dicen algo que sí ayuda a conformar una visión más completa de las cosas.


José Antonio Fernández: ¿Por qué decides dedicar tu vida a ser conductor de televisión y radio?
Javier Solórzano:
Yo trabajaba en la UAM (Universidad Autónoma Metropolitana) Xochimilco y también en la Secretaría de Relaciones Exteriores, cuando era secretario Bernardo Sepúlveda Amor. Yo no pensaba en ese momento entrar a la televisión. Te hablo de la mitad de los ochentas, en el sexenio de Miguel de la Madrid. Recibí la invitación de Tito Navarro, quien era director de producción de Imevisión, para conducir un programa (Televidente) en el que se criticaría a la televisión. De entrada me negué porque yo no me veía en eso. Pero me insistió y le entré. Al estar haciendo ese programa Alberto Ennis, que era director comercial de Imevisión, me invitó a conducir otra serie que se llamó la Guía de cada día, en la que hablábamos de la programación. A ellos les agradezco porque me dieron la entrada a la televisión.
Es el dato de los que me invitaron, pero creo que tú también quieres saber la razón personal que me llevó a entrar a la televisión, y te puedo decir lo siguiente: en ese tiempo yo pensaba que era más importante estar detrás de las cámaras que al frente, que lo relevante era estar detrás del que dice las cosas. Por esa razón le temía a colocarme como un merolico de la televisión y dedicarme simplemente a leer lo que otros escribieran y entonces trabajar para las intenciones de una empresa o de alguien del gobierno. Tenía claro que eso no me interesaba.
Yo vi la oportunidad de entrar a la televisión y que yo, como conductor, fuera el responsable de lo que dijera. Eso pensé. Por eso cuando recibí la invitación de salir a cuadro le pedí a Tito Navarro: yo quiero introducir el programa con lo que yo pienso, con una reflexión hecha por mí. Tito me contestó que hiciera lo que quisiera. Y eso me animó mucho.
Percibí que podía trabajar con la técnica del síndrome de la glorieta, que es la de tener capacidad de maniobra. A veces entras y sales rápido, en otras ocasiones vas pegado a la barda, otras más circulas con más lentitud, pero el asunto es entrar a la glorieta y tener más o menos margen de maniobra para decir cosas.


J.A.F.: ¿A qué te refieres con decir cosas?
J.S.:
Yo me preparé en la vida para eso, para decir cosas, no para salir en la televisión. Cuando yo hacía el análisis de prensa de radio y televisión para la Presidencia en 1980, informaba al Presidente López Portillo y sus colaboradores sobre lo que hablaban los periódicos del día, pero también les decía en esas notas lo que yo pensaba.
En la UAM alentábamos la opinión, equivocada o acertada. El derecho a opinar con bases siempre lo estimulamos. Hoy todo mundo opina y todo mundo es democrático. Hoy es ver quién escupe más alto y tiene el mayor escándalo, pero en ese tiempo (mitad de los ochentas), nadie opinaba en los noticieros.
Hace 20 años los medios estaban cerrados, el control presidencial y de las oficinas de prensa era total.


J.A.F.: ¿Cuando conducías el noticiario matutino de Imevisión (en el sexenio de Carlos Salinas), el entonces director del 13 y el 17 (José Antonio Alvarez Lima) se paraba frente a tí y José Ramón Fernández para que no opinaran?
J.S.:
Creo que Alvarez Lima no es un mal personaje, tengo buen concepto de él, pero me parece que esa fue una etapa poco afortunada. A Alvarez Lima le preocupaban los deportes y dos o tres temas, uno de ellos era Cuauhtémoc Cárdenas.
Se dio la orden al director de cámaras de que José Ramón y yo no apareciéramos nunca juntos a cuadro (prohibieron el two shot). José Ramón bromeaba y cuando yo estaba a cuadro él me saludaba colocando su mano practicamente sobre mi cara, de tal forma que me veía yo y la mano de José Ramón saludando, pero nunca los dos juntos.


J.A.F.: ¿Aún así opinabas?
J.S.:
Yo seguía opinando. Me castigaban, me sacaban del aire ocho días... Un día me dijeron que me fuera a Nueva York una semana.


J.A.F.: ¿Y para qué opinar?
J.S.:
No era opinar, sino era decir algo que se interpretaba como opinar.
Te digo un caso concreto: un día como a las ocho de la mañana el director de cámaras me dijo que mandara a una nota de Cuahtémoc Cárdenas. En el reportaje se veía al Ingeniero Cárdenas con un grupo de trasvestis en Veracruz. Cuando terminó la nota yo dije al público lo siguiente: ustedes acaban de ver una nota en la que el reportero tiene un punto de vista, pero yo también puedo decirles que es posible que fuera un teatro montado para desprestigiar al Ingeniero Cárdenas, o que en verdad los trasvestis estuvieran apoyando a Cuauhtémoc. Terminé dicéndole al público que había que pensar el caso, sumar la información y que cada quien sacara sus conclusiones. Luego de mi comentario mandé a corte comercial. En ese momento sonó el teléfono y me dijeron que no tenía por qué opinar sobre el asunto de Cárdenas, que el video era claro. Yo escuché lo que me dijeron y no hice mayor comentario. Antes de terminar el noticiario, al diez para las diez de la mañana, el director de cámaras me dijo que la nota de Cárdenas volvería a pasar y que la mandara. Yo me negué, le dije que no, que yo estaba dando la cara y no lo haría. Y no lo hice. Creo que por eso me castigaron dos días.
Para mí el sentido de la opinión, en ese tiempo, era decirle a la gente otro u otros puntos de vista.


J.A.F.: ¿Para qué hacerlo?
J.S.:
Yo tengo la idea de que las cosas son suceptibles de verse de varias maneras. A mí en la Universidad Iberoamericana maestros como Paco Prieto, Froylán López Narváez, el maestro Serrano, el maestro Mansur, Cortina, y en la UNAM, Miguel Angel Granados Chapa, me hicieron ver que el mundo era plural.


J.A.F.: ¿El mundo era plural y no se veía así en los medios?
J.S.:
Justamente esa era la crítica de esos maestros y de grandes personalidades como Julio Sherer García y la revista Proceso, y el Uno más uno dirigido por Manuel Becerra Acosta.


J.A.F.: ¿Qué era lo que te llevaba a opinar y con ello a arriesgarte de manera permanente?
J.S.:
Yo tuve la fortuna de estar cerca de grupos católicos de izquierda que me permitieron ver con mayor sensibilidad cómo es el mundo. Salí al campo, hablé con gente que estaba marginada. Trabajé en la UAM en donde tuve contacto con libros, alumnos y distintas maneras de pensar críticas (como Mattelart y Héctor Shmucler). Yo pensaba (y pienso) que la única forma de avanzar es la manera dialéctica, con crítica, aunque eso se te pueda revertir. Por eso me interesa decir y abrir espacio para que otros digan.
Recuerdo que una vez fueron al noticiario los analistas Federico Reyes Heroles y Jorge Castañeda (hoy secretario de Relaciones Exteriores) para hablar de las encuestas, y me mandaron decir de Presidencia que no era posible que invitáramos a los enemigos del Presidente.
Yo creo que la peor frase de Carlos Salinas de Gortari fue la de ni los veo ni los oigo (refiriéndose a la oposición), cuando un Presidente debe oír a todos aunque le caigan mal.


J.A.F.: ¿Tomaste este asunto de opinar en radio y televisión como un compromiso de vida?
J.S.:
Sí y creo que fue excesivo. Tuve la oportunidad y el privilegio de estar 5 años en el noticiario de la mañana en Imevisión.


J.A.F.: ¿Por qué no te quedaste en TV Azteca cuando se privatizó?
J.S.:
Pasó lo siguiente: creo que se dio un ambiente que no me favorecía. A los dos días del destape de Luis Donaldo Colosio, Ignacio Suárez (que era Presidente Ejecutivo de TV Azteca) nos llamó a Carmen Aristegui y a mí. La junta con él inicio a las ocho de la noche y concluyó después de las dos de la madrugada. Nacho Suárez nos dijo que el programa tenía un rating bajísimo y que no funcionaba. Carmen ganaba 1,150 pesos a la quincena y yo 1,200 pesos. Me dí cuenta que no sabía cómo decirlo, pero nos quería correr. No tenía caso quedarse hasta las diez de la mañana conversando con Nacho. Le dije que si quería deshacerse de mí, se la ponía fácil: avisa que me diste unas vacaciones y punto. Le comenté que me interesaba seguir, pero que no pretendía hacerlo en contra de lo que ellos pensaban. El canal 13 me dio mucho, pero así son las cosas.
Cuando salí de la oficina vi en la sala de espera a María Luisa Manzo y a Jorge Garralda, era evidente que ya habían tomado la decisión de sustituirnos. Al día siguiente ellos aparecieron en pantalla (y poco tiempo estuvieron al aire).
Debo aclarar que nunca hablamos de dinero, y jamás pedí ser director de noticias o algún privilegio (nunca los tuve).
A mí me llama la lealtad de proyectos comunes, y no la lealtad que se basa en nada, eso no es lealtad. Las diferencias también pueden dar unidad.
Tiempo después hicimos un proyecto (junto con Kiko Guerrero) para hacer un programa. Nada pasó. A Kiko ne le pagaron el proyecto que realizó (que de una u otra forma lo terminó asumiendo el noticiero de la noche con la propia musicalización que se había propuesto).
En ese momento nos dimos cuenta que ya la habíamos perdido. Joaquín Vargas ya nos había dicho que no podíamos salir al aire en televisión. En 1994 yo sólo aparecí dos veces en pantalla (el día que murió Colosio y cuando entrevisté al Subcomandante Marcos). A mí me llegaban recados de José María Córdoba Montoya. En alguna ocasión Joaquín Vargas me dijo uno de sus mensajes, textualmente: díle a Javier Solórzano que se vaya a chingar a su madre (por la entrevista que le hice a Daniel Aguilar Treviño, el asesino de Ruíz Massieu).
Hace un año volvimos a hablar con TV Azteca, pero ya el asunto no caminó.


J.A.F.: Después te vas a la pantalla de Multivisión en donde también logras una buena época con el programa En Blanco y negro, junto con Carmen Aristegui. Entiendo que sales por una diferencia
de criterios que ya nos explicó en otra edición Carmen Aristegui (el lector puede consultar esa entrevista en telenet.com.mx en la Revista Telemundo no. 52).
¿Qué ganaste y qué perdiste al salir de Multivisión?
(Lo pregunto a título personal)
J.S.:
Perdí una infraestructura muy importante (los Vargas en Multivisión no tienen una infraestructura menor, y su estación Stereo Rey es una de las más importantes del país porque tiene un prestigio real). Pienso que lo que gané fue autonomía. Un ejemplo: Multivisión estuvo muy expuesto en las elecciones por la identificación con Gamboa y Labastida y particularmente por la tarde del hoy, hoy, hoy. En este sentido en Imagen vamos un paso adelante en términos estratégicos y de organigrama.


J.A.F.: ¿A qué te refieres con el organigrama?
J.S.:
Es costumbre que en las estaciones de radio y televisión exista una oficina de relaciones gubernamentales. Aquí en Imagen no hay ninguna. ¿Qué significa eso? Que cada quien es autónomo en su espacio. Que si Pedro le da más peso a una noticia, eso no significa que Carmen o yo se lo demos igual al mediodía y por la tarde. Cada quien evalúa los materiales que tiene, las entrevistas y el curso de los acontecimientos, y vamos tomando decisiones basados en un espíritu periodístico.
Hace poco la vocera del Presidente (Martha Sahagún) me llamó para darme una opinión sobre algo que yo dije acerca del libro de Sari Bermúdez. Conversamos, ella me dio su punto de vista y yo le di el mío. En otros tiempos eso jamás hubiera sucedido así en forma directa, habría entrado en acción esa oficina de relaciones gubernamentales (ignoro cómo sucede hoy en otras estaciones o cadenas de televisión).


J.A.F.: A lo largo de los últimos años haz entrevistado a personajes señalados por la política, como los miembros del EPR, Mario Ruíz Massieu, Carlos Cabal Peniche y Raúl Salinas de Gortari, entre otros. ¿Por qué te cuidas de no entrar en el amarillismo y el escándalo? (Cabe decir que esas entrevistas son ideales para ganar altas audiencias).
J.S.:
Porque me gusta el futbol de clase y no el de fuerza. Prefiero el análisis de las cosas y no el golpe. Disfruto razonando con el público, aunque el análisis (debo reconocerlo) no es para la mayoría, se hace entre élites. Yo confío que mi trabajo tenga la perspectiva del análisis, la crítica, la pluralidad y el respeto.


J.A.F.: ¿No buscas altos puntos de rating?
J.S.:
No y quizás por eso no estoy en la televisión.
Ni siquiera he estado tentado a trabajar con amarillismo, aunque nos han llegado materiales que pueden provocar escándalos.


J.A.F.: Te distinguiste desde hace años por ser un conductor que opina con libertad en tus espacios informativos, ahora veo que tienes una cadena de entrevistas con estos personajes que están fuera del sistema (como el EPR, Marcos, y en otro contexto Cabal, Ruíz Massieu, Raúl Salinas... ¿Los buscas o te buscan?
J.S.:
A veces este tipo de encuentros te caen del cielo, y en otras ocasiones tienes años buscándolos. Yo creo en la frase de Carlos Payán que dice: la libertad de prensa es de quien la trabaja.
Yo anduve años tras una conversación con Ruíz Massieu. Él me dijo que aceptaba la entrevista con una sóla condición. Le respondí que (entonces) yo era un empleado de Multivisión y que trataría de que esa condición se cumpliera. Me pidió que transmitiéramos la entrevista completa, y así sucedió.


J.A.F.: ¿Por qué darle voz en los medios a gente que aparentemente es delincuente o que se levanta contra el sistema?
J.S.:
Creo que no hay que utilizar los medios para andar jugando a ser la defensa de un presunto delincuente, pero pienso que el mundo es de relatividades. Estos hombres que hoy están en dificultades ayudaron al sistema a pasar cosas y asuntos de primera a segunda, pero desde que dejaron de ser útiles se les tilda de locos, inservibles y dementes.
Sin embargo, yo me he dado cuenta de que ellos han cumplido una función y por eso creo que debemos escuchar sus razones. Simplemente escucharlos. No los exculpo, porque no soy nadie para juzgarlos, mi obligación es preguntar para que la gente tenga más elementos de opinión. Estoy convencido de que la opinión nunca es una, sino que es la suma de muchas opiniones y va cambiando conforme cada quien sigue oyendo opiniones.

J.A.F.: ¿Y para qué escucharlos?
J.S.:
Porque son personajes que fueron relevantes y nos pueden ayudar a entender lo que pasó en ese momento histórico. Yo he entrevistado a jefes de estado y personalidades muy importantes, y nadie se acuerda de eso. Pero muchas personas me preguntan por las entrevistas que hice a la guerrilla, a Ruíz Massieu y otros.
Hoy las condiciones políticas ya cambiaron, pero cuando nosotros entrevistamos a estos personajes fueron verdaderos hallazgos. Hoy hay veinticinco periodistas buscando a Mario Villanueva para platicar con él, y eso ya difícilmente será noticia

.
J.A.F.: ¿Al decir que las condiciones ya cambiaron planteas que hay que hacer otras cosas?
Tú primera etapa periodística fue la de opinar cuando ningún conductor de noticias por televisión lo hacía (en forma personal, no como empresa o institución). Después añadiste a esta característica el dar el micrófono a los malos (los marcados por el sistema) y ya no sólo a los buenos. ¿Qué te propones ahora?
J.S.:
Me parece que ahora los reporteros deben tener un mayor espacio en los noticieros y yo como
conductor informarme con diferentes fuentes para dar a la audiencia varios puntos de vista sobre un mismo hecho. Ya no sólo se trata de que hablen las partes, sino que encontremos el mayor número de elementos que enriquezcan una información para que el auditorio arme un punto de vista más completo basado en datos concretos y veraces, y en opiniones y entrevistas.
Además creo que es momento de defender la pausa por encima de la velocidad de las noticias. El mejor noticiero no es el que mete 40 notas en 30 minutos, sino el que toca los temas fundamentales con mayor profundidad. El problema en Tabasco y Yucatán, además de que es político, también tiene una parte legal que es fundamental. Entonces hay que buscar abogados que expongan lo que apunta la ley y digan al auditorio qué está pasando y qué puede suceder. Ya no basta con un abogado, como era antes.
Sigo pensando que el nombre del juego es el contenido.
Creo que hay muchos conductores y eso obliga a los que ya tenemos tiempo en esto a tener una acittud distinta, más humilde y menos soberbia, a mantener distancia y una relación crítica con el poder.


Más de lo dicho por Javier Solórzano

- Hay actividades en la vida en las que más vale tener siempre la maletas hechas, y yo trabajo en una de ellas.
- Cuando trabajé en Canal 13 duré más de lo que pensé.
- Sé que en MVS estuvieron tentados en dos o tres ocasiones a pedirme la renuncia, pero nunca lo hicieron.
- Yo quisiera ser parte de los referentes diarios que hay en el país. Es decir, me gustaría que el poder político pensara que es importante escuchar los espacios informativos que conduzco. Y también me gustaría ser un referente para la opinión pública, que la gente piense que le sirve escucharme.
- Creo en el diálogo y en la palabra. En ocasiones algunas personas me han reclamado porque no he sido duro o hasta grosero con algunos entrevistados, pero yo pienso que no soy juez, que no se trata de gritonearle a nadie o de golpear en la mesa. Mi obligación es escuchar y ayudar a que el auditorio escuche otros puntos de vista.
- Creo en la prudencia y en la mesura. Siempre hay que tener capacidad de maniobra.
- Vivimos tiempos en los que cada quien puede decir lo que quiera, y esto mismo agranda la responsabilidad de cada uno. Antes el que gritaba se volvía de inmediato Juana de Arco, pero hoy al que grita le responden que lo compruebe, y entonces la lucha es verbal. Yo intento juntar información en mi noticiario, empezando por información que recibo cuando voy al cine, al futbol, a los reclusorios, a comunidades muy pobres, o cuando entrevisto a personajes señalados o camino por la calle y me subo al camión o al metro...
- Oír me ayuda a mantenerme en forma como conductor de noticias.
- Los que estamos hoy en Imagen (Aristegui-Ferríz y Solórzano), hemos tratado de jugar por la libre toda la vida, y ahora somos juez y parte, porque somos socios y conductores. Es todo un reto, y creo que estoy en el lugar más exacto para hacer el trabajo que quiero.
- Fox es el paso para lo nuevo, no es lo nuevo.
- ¿Por qué Zabludovsky era el hombre que decía la información? Porque Zabludovsky era parte del poder.
- ¿Por qué hoy el noticiero de Canal 13 ofrece por momentos certezas? Porque es parte del poder.
- Televisa no ha podido rebasar su relación con el poder, está en vías.
- No hay memoria de la gente con los medios de coomunicación. Si mañana reaparece Raúl Velasco en la televisión, nadie recordará las críticas que se le hacían en forma sistemática. En los medios no hay historia, ni en México ni en ningún otro país del planeta.
- Los conductores de noticias que estamos hoy identificados con el público tenemos que hacer la tarea: menos soberbia, más crítica, relajarnos a la hora de dar las noticias y ser más humildes. Además de que debemos mantener distancia con los poderes político y económico.
- La soberbia se ve al aire cuando el conductor siente que es un sabelotodo y cree decir la neta del planeta.



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